Artículo 19 agosto 2020
No Dejes Morir tu Sueño
En el pasado, nuestros deseos de mantenernos siendo niños
permitía que disfrutáramos del privilegio que nos da la infancia: jugar.
Jugar era para nosotros como el espacio ideal que nos
permitía crear lazos fuertes de amistad, compañerismo; círculos narrativos y, sobre
todo, inventar diferentes formas de pasarla bien.
La literatura orar la disfrutábamos como un helado de
vainilla que refrescaba al paladar y no menos que el susurrar de un ruiseñor a
nuestros oídos.
La magia de los 70 y 80 nos brindaba, a pesar de las
carencias, ese deseo de siempre conocer, saber más, escuchar historias y cuentos
contados por nuestros amigos, padres y abuelos; para quienes tuvieron ese
privilegio. Eran verdaderas canteras de relatos autóctonos e imaginación que
nos remontaba a un mundo incorpóreo.
Sabían contar cuentos que nos hacían aterrar, cuentos que nos
hacían reír, cuentos que nos permitían viajar por un mundo metafórico de irrealidades,
que para nosotros parecían verosímiles y divertidos.
La autora del cuento breve infantil: ¨Las locas ganas de imaginar, Beatriz Ferro,
nos muestra ese mundo; un mundo de sensibilidad hacia nuestros niños.
Esa capacidad de imaginar, que hoy parece tronchado, hizo de
muchos niños de la época, grandes lectores, escritores consagrados y profesionales
con sensibilidad, pero ¿Qué ocurrió con ese pasado? Sin lugar a duda los
cambios y avances de la nueva escuela, con su tecnología, que no es malo, nos
han hecho, junto a la televisión más apáticos, desinteresados en el juego, en
narrar historias, en reunirnos en las noches para conversar y hermanar con
nuestros vecinos, con nuestros grupos pares.
Jugar en las calles empedradas era el mayor de los momentos
lúdico de nuestra época de oro:
¡Don Juan, DonJuan!, ¡La patá del Jarro!, ¡La Pájara pinta!,
¡La gallinita ciega!, ¡El topao! los juegos populares que marcaron nuestras
vidas de forma positiva, que nos formaron como escritores, como niños con imaginación,
creativos, hoy son historia patria.
La buena tecnología, el descuido de los grupos culturales,
del estado como responsable de preservar nuestras costumbres, padres, abuelos,
y por qué no, nosotros, nos hemos olvidado de este sano, educativo y majestuoso
recurso.
Hoy día se han querido hacer intentos por rescatar esos
valores, pero sin éxito. Si no involucramos a nuestros docentes, padres, grupos
culturales nada hacemos. Quienes han intentado matar los sueños podrían
lograrlo, no lo permitamos. La escuela, nosotros debemos unirnos para darle
vida a este valioso encantador de la pedagogía popular, de la literatura
bucólica y del reencuentro con nuestras raíces, los cuales pueden devolvernos
como nación una sociedad más creativa; menos violenta.
No dejar morir nuestro sueño, es volver a ese pasado
impoluto, sin dejar de lado el presente.
Crear de estos dos espacios, pasado, presente, un verdadero
sincretismo “mágico-tecnológico”, para el beneficio de nuestra escuela, una
escuela que hoy esta desgatada por la violencia, la inseguridad, la falta de producción,
imaginación, creatividad, cultura, en fin, una escuela ávida de hombres que
proliferen las buenas costumbres; la hermandad.
No dejar morir tus sueños es cuando al tu escribir un poema o
producir un cuento, ensayo, tus maestros insensibles digan no entender lo que
haces; no entiendan tu inspiración, tus ganas de valorar a un mundo de
irrealidades; pero con la posibilidad de reinventarte y de, aunque sea en tus
sueños, ver un mundo diferente.
No dejar morir tus sueños es volver a ¡leer! ¡Contar cuentos!
¡Jugar tus juegos de niños! ¡Divertir tu mente de manera sana! Conocer otras
palabras y crear nuevas. La lengua no es estática, se mueve en el tiempo; se
transforma.
Rescatemos nuestros sueños. Rescatemos esa época añorada de
divertirnos para aprender. En fin, no dejar morir tus sueños es motivar a
nuestros docentes a retomar, de forma ecléctica una educación divertida con el
pasado y revolucionaria con el presente.
En este sentido es que la Regional 01-00 de Barahona y el
área de lengua española del nivel primario iniciarán para el año 2020-2021 una
profunda reflexión en aras de retornar a la escuela nuestros valores
culturales, autóctonos, lúdicos, entretenidos y cargado de un aprendizaje
significativo, competente y de auto valoración.
¡Volvamos a retomar nuestra cultura literaria! ¡Brinquemos la
Tablita!
Artículo de Ricardo
Pérez Mesa,
Técnico Regional de
Educación 01-00
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